No deja de llover. Odio la lluvia, siento que todo se pega.
Se pegan los recuerdos,
el sudor, el dolor, el cansancio, el hastío.
No encuentro atractivo en un cielo gris, oscurece la existencia,
le da ese tono desagradable.
Mis zapatos ya no consiguen achicar más agua por sus agujeros,
y entonces, así, como suele ser todo, aparece una imagen
no muy luminosa.
Hay un niño mirando por la ventana.
Es un día como el de hoy, de lluvia, triste.
O no,
no triste, es otra cosa. Es desolador.
Abre la ventana, en su cara también hay aguaceros y nubarrones.
Pero, es que es tan pequeño.
Ha abierto la ventana y el aire choca contra su cara mojada.
Se encarama ágil sobre el alféizar, fue un movimiento felino.
Abre la puerta su madre.

